DOPPELGANGER, PERO MENOS.

Achegouse a min unha compañeira con cara sorrinte e, a pesar diso, con expresión de susto:
– Case me da algo ó atopar o teu nome no xornal e velo asociado a casos de corrupción urbanística!
– Éche o que hai – dixen eu-, un vai tendo así furricallos para caprichos.
O caso é que si, que non teño nada de orixinal, que hai copias por aí circulando. Vou ter que facer o mesmo que fixo o poeta maldito:
Al amanecer, cuando las mujeres comían fresas crudas, alguien llamó a mi puerta diciendo ser y llamarse Leopoldo María Panero. Sin embargo, su falta de entereza al representar el papel, sus abundantes silencios, sus equivocaciones al recordar frases célebres, su embarazo cuando le obligué a recitar a Pound, y finalmente lo poco gracioso de sus gracias, me convencieron de que se trataba de un impostor. Inmediatamente, hice venir a los soldados: al amanecer del día siguiente, cuando los hombres comían pescado congelado, y en presencia de todo el regimiento, le fueron arrancados sus galones, su cremallera, y arrojado a la basura su lápiz de labios, para ser fusilado poco después. Así terminó el hombre que se fingía Leopoldo María Panero.